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Lola Liendres y Soren Chinches

Odiseas, no tantas, pero van creciendo. Oídas historias que ya no pueden ir más allá porque no valen la pena, así que lo mejor es inventarse más juegos. Entre ellos Lola ocurrente inventó el de las alimañas. Lola Liendres y Soren Chinches ahora se disponen a desquitar el exilio y regresan al jardín nuevamente. La finalidad de la liendres y la chinches, es no dejar de ser la alimaña que tan burdamente se representa. Así que Lola hace de paradisíaca zángana y se recuesta en el pasto, se mueve lombricescamente, se agita y sonríe al sol. Soren por su parte se acerca acechante, la mira, espera el calor… no olvidar aquello de la caracterización. Y ataca: por encima de ella, sin hacer ruido, solo ligeros gemidos. Succiona hasta dejarla blanca muy blanca. Se revuelcan en el lugar, quedando así lodosos y pastosos. Por un momento Lola deja de entender el juego, por un momento deja de ser niña y es muñeca. Lejos de succionar como chinche, Soren hace ya no de agua momentos de niñez; ahora tra...

Ranas Noctámbulas

“Mira Soren, miiiraa”, dice Lola susurrando presa de asombro y espanto. Se toman las manos y avanzan, el jardín de noche puede ser muy escalofriante. Saltan ranas noctámbulas. “Batracios, Lola batracia…. Ajajajaja”, Lola salta asustada por las posibles babas y luego lo codea con un shhh, “Soren cállate, deshaces el misterio”. Un piano que hace sonidos decadentes acompaña a Soren y Lola en su expedición por el jardín; todos van de puntitas, detrás de ellos las ranas noctámbulas los siguen curiosas. ¿Qué hacen por aquí tan noche?, se preguntan entre ellas. El señor Piano logra dar cuenta de que las ranas los rodean, talvez porque caminan en sospechas. Los misteriosos niños se acercan a las bicicletas. Hablando de ranas, sapos y batracios es necesario precisar que hace un piano en este lugar. A Soren lo han acusado de impiedad, el señor Piano es el encargado de dar noticia y ha de llevárselo; no ha mencionado cuestión alguna porque no quiere interrumpir aquel misterioso juego. “Soren, ...

Soten y Zareth

Lola muñeca de bulbos desatiende a Soren pues no puede dejar de contar: 79, 68, 54, 211; desorden extraño para una neurótica obsesionada con el "qué será". Tan no esta al tanto, que no ha escuchado tan importante noticia, enfrente de su casa, en la casa abandonada, ahora habita Zareth. Soren se escabulle entre las ramas, ahí lo sorprende Zareth. Muy pronto terminan sentados, toman té extraño que Soren solo finge beber. — Y Soren, dime entonces que cura el empacho de cococha—, el niño de diáfana estructura, sin mucho esperar, responde casi con acento de obviedad —Succionaciones de ojo… pero estas sólo funcionan si las hace Lola… y hay que tener cuidado porque muchas succionaciones de ojo hacen que estos se te conviertan en bocas, es raro porque no ves lo que dices ni dices lo que ves—. Zareth, sin mucha extrañeza pudo notar que Lola hacia falta — Herr Soren, ¿Dónde esta Lola, porque no te acompañaba en la exploración de mi jardín?— Para hacerse sordo P. Sadnerson es genial, as...

Las cajas

Lola tiene muchas cajas endosadas, aquellas que no estorban. Lola ha padecido la adolescencia del entorno, ha pasado mucho tiempo bajo el sol y ahora esta derretida. Muy viscosa huye a la playa y busca desesperada a Soren P. Sadnerson. — ¡¡Soren!! — grita desesperada y él acude a salvarla, al verla sonríe y murmura — Lola, no es nada, no tienes que estar tan espantada— Lola acaba de derretirse… ya no puede ni hablar. Herr Soren muy paciente la lleva con el jalador al baño, con una gran cubeta la vacía en agua helada, y ahí se queda flotando. Horas después es una gran masa deforme. El calor de Soren es tan suficiente que no la derrite, pero la calienta lo suficiente y así después de un tercio de horas Lola regresa a ser Lola. Lo abraza, lo aprieta, le saca el aire aún desesperada. — Lola, ¿dime que te ha pasado?— pero ella salió corriendo a su casa. Llegó agitada; con llanto incansable en los ojos; abrió el ropero y sacó todas las cajas, aquellas que contienen sus muñecos. — ¡Maldito...

SINFONOLA MIERDOLINA

Era Soren P. Sadnerson un despojo de universo que flotaba gris entre las personas. Era Lola una niña caprichosa que desde que lo imaginó, le pinto barba azul y brazos largos. Son ahora como el celofán y las olas; son ahora religiosos radioescuchas de Sinfonola Mierdolina. En las mañanas soleadas de jueves, Lola despierta eufórica a las nueve, enciende el radio para escuchar el único cuadrante adecuado para tan raro par; luego despierta a Soren cocinando cococha con pasta verde, y Soren despierta, se estira, talla sus ojos y canta la primera canción del día, pero desentona por la tos ferina. Era Soren muy sano hasta que Lola lo adoptó, tienen razón, todo se parece a su dueño. Lola ahora es una desquiciada tejedora, inventora… últimamente inventora. Sinfonola Mierdolina tocaba la usual porquería, cuando Lola escuchó desde la cocina un “cof” muy particular: “Cof, cof, egem, cof, caf, cof”, sórdido sonido sangra pulmones fue producido por su amigo. De tés y medicinas Soren no es cliente,...

SOREN: PULCHERRIME RERUM

Lola apunta hacia la luna porque es un blanco brillante; en el bosque nocturno del laberinto sin minotauro no hay mucho que matar. Después de una noche larga Lola se siente cansada, apenas ha dormido siete de las nueve horas que requiere para estar contenta; por eso está de malas. El gancho al hígado que le dio el hurón de la luna, le dejo heridas internas que solo ha podido olvidar saboreando cerezas. La niña plastilina esta muy golpeada. Soren la busca para salir a jugar al bosque, pero Lola pretexta, —Soren P. Sadnerson, no ves que afuera está nublado, me duelen las rodillas, me rechinan los codos, mi cuello se adormece a ratos y no lo puedo mover como debiera—. A él solo le quedaba argumentar — Lola no seas floja, vamos afuera… aunque sea vamos a caminar, te vas a sentir mejor, allá te espera una sorpresa.- Ni con chantajes Lola cedió. Soren entonces desapareció durante un buen rato de la mañana, luego regresó. Lola dormitaba en los sillones y al escuchar a Soren emitió pequeños ...

RANAS ÁCIDAS

“Herr Soren, ¿cuantas gomitas de rana contiene la bolsa negra de celofán?” tic, toc, tic, toc... miraba el reloj al niño de agua, él pensaba y pensaba y el reloj esperaba y esperaba. "Veinte", contesto Soren, "¡JAJAJAJA!" contesto el reloj y continuo: “la verdad es que saberlo no importa, lo interesante es que se las ha comido Lola. —¡¡Lola, Lola!!— llamaba Soren a la niña tóxica. Al verse, Lola corrió a sus brazos, pero de él solo recibió un gélido abrazo — ¿Cuantas gomitas de rana te comiste? ¿y cuántas me dejaste?— dijo Soren muy serio. "Muchas y tres", contesto con gran sonrisa, enseguida arrebató la boina de la cabeza de Herr Sadnerson, dio la vuelta y corrió. Iracundo la seguía con pasos agigantados, catorce, quince... se detuvo... mirada vomitosa de te odio y boca de sonrisa macabra —Ven Lola, te quiero abrazar—, Lola lo miro sospechando... no, contesto con la cabeza. Las ranas saltan, saltan, se retuercen en ácido estomacal. Soren contesta y conte...