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Lola quiere un cuervo

Lola pidió en berrinche un cuervo. Su madre dijo que no, porque sacan los ojos, tienen corucos. “Quiero un cuervo”, no dijo otra cosa durante seis días, ¿y como para que quieres un cuervo? Preguntó su padre; sin tener palabras precisas, Lola ocurrió imantar una lista en el refrigerador: - acicalar desagrados - sacar ojos de los no deseados - adornarme con las plumas que vaya desechando - guardar secretos - de compañía, porque estoy muy sola “Que extraño” pensaron los Genéticos, que habrá sido de Soren. Un largo interrogatorio vino para Lola, de que si Herr P. Sadnerson estaba muerto, de que la responsabilidad, el espacio, el tiempo y otras teorías cuánticas. Un día, solo un día sin que Lola inventara macabras estupideces y lo tendría. -Soren, mira que me han regalado- Lola tranquila y divertida le platicaba a su amigo. -Lola, ¡¡pero un cuervo?? - el pobre casi no pudo hablar, Lola reía de gusto, y cantaba. Sin más que cumplir con los estatutos que ser imaginario implica, Soren ayudó ...

Olga Pulga

Lola corre vertiginosa, espera la lluvia como la noche del cinco de enero, patina con calcetines de rayas. Soren P. Sadnerson yace en la playa, como siempre esta ausente, junto a él Sisi que también usa calcetines de rayas. Este día es como ninguno otro, Olga Pulga vendrá a dormir. Justo hoy Soren se va de día de pesca con Sisi y no regresa. Lola lo tiene todo planeado, estos días no se repiten mucho y hay que aprovecharlos. Cómo quiere esta pequeña bola de plastilina a su amiga, es más alta, más fuerte, más einfallsreich; es por ello que siempre juegan a lo que quiera Olga; esta vez juegan a “oxfordland”. La señorita Pulga es tan persuasiva que hace que su Real Majestad, la Jueza primera, las deje dormir al aire croatico de la noche. — En la biblioteca de oxfordland no hay libros, se leen estrellas; el pasto será tinta y la tierra el borrador, si te equivocas solo lanza la tierra, Lola — — Olga, es que yo no alcanzo las estrellas, ¿cómo leo entonces? — — No seas tonta Lola, come h...

Radiaciones

Soren no deja que Lola se quede en la casa de la playa…por aquello de las pecas, el argumento es que sólo las pelirrojas o rubias las pueden lucir. Pero Lola sospecha que es envidia, Soren P. Sadnerson quiere ser el que tenga la constelación de pecas. El sol, además de provocar mal uso de melanina, calienta cabezas. Calienta la sangre de Soren, calienta la cabeza de Lola. Hierven, y los amigos que humean vapores no ven con luz, ven con rojes. Y es normal, dice Olga Pulga, pasar del carmín al añil, y del violeta a la violencia. — Soren, llévame a la playa —la señorita Críptica, deja al exterior un poco de corazón, nada más por dejar salir su rojes y así no convertirse en jitomate. — No Lola, que se te calienta la cabeza y te salen pecas, y tu sabes que a las niñas amarillas no les queda — Herr P. Sadnerson, en su naturaleza, no logra distinguir que hiere a Lola. Parece a veces que Herr P. olvida que Lola es sólo una niña y que él sólo es imaginero. Lola, Lola Críptica hace honor a su n...

¡Corsarios?

Era Lola muy contenta en su jardín bifórmico, jugando siempre con Soren P. Sadnerson, pareciera ser todo el tiempo medio día o la media noche. A pesar de la oscuridad y las, aquello parece funcionar sin muchas reglas y con los suficientes desacuerdos, jugar y jugar basta. Eran entonces Lola y Soren en el jardín como en otros medios días; cuando Aurora, la vecina, dejo rebotar cerca de la niña de plastilina una majestuosa pelota. Pisando el húmedo pasto a Lola se dirigió, “¡Oh! Siento mucho la intromisión, sólo tomaré mi pelota”. La odiosa niña parecía flotar por el pasto; sus rizos negros brillaban cual zapato de charol; toda ella en realidad era tan escuálida como Lola pero no compartían la pulcra y graciosa fachada de Aurora. Lola estaba silenciosa, con las muelas a presión y, al igual que Herr P. Sadnerson, se había quedado en pausa desde que la dichosa pelota tocó el jardín críptico. Fue hasta que Aurora regresó a su territorio que despertaron. — ¡Pero no te di permiso de pasar aq...

Lola Liendres y Soren Chinches

Odiseas, no tantas, pero van creciendo. Oídas historias que ya no pueden ir más allá porque no valen la pena, así que lo mejor es inventarse más juegos. Entre ellos Lola ocurrente inventó el de las alimañas. Lola Liendres y Soren Chinches ahora se disponen a desquitar el exilio y regresan al jardín nuevamente. La finalidad de la liendres y la chinches, es no dejar de ser la alimaña que tan burdamente se representa. Así que Lola hace de paradisíaca zángana y se recuesta en el pasto, se mueve lombricescamente, se agita y sonríe al sol. Soren por su parte se acerca acechante, la mira, espera el calor… no olvidar aquello de la caracterización. Y ataca: por encima de ella, sin hacer ruido, solo ligeros gemidos. Succiona hasta dejarla blanca muy blanca. Se revuelcan en el lugar, quedando así lodosos y pastosos. Por un momento Lola deja de entender el juego, por un momento deja de ser niña y es muñeca. Lejos de succionar como chinche, Soren hace ya no de agua momentos de niñez; ahora tra...

Ranas Noctámbulas

“Mira Soren, miiiraa”, dice Lola susurrando presa de asombro y espanto. Se toman las manos y avanzan, el jardín de noche puede ser muy escalofriante. Saltan ranas noctámbulas. “Batracios, Lola batracia…. Ajajajaja”, Lola salta asustada por las posibles babas y luego lo codea con un shhh, “Soren cállate, deshaces el misterio”. Un piano que hace sonidos decadentes acompaña a Soren y Lola en su expedición por el jardín; todos van de puntitas, detrás de ellos las ranas noctámbulas los siguen curiosas. ¿Qué hacen por aquí tan noche?, se preguntan entre ellas. El señor Piano logra dar cuenta de que las ranas los rodean, talvez porque caminan en sospechas. Los misteriosos niños se acercan a las bicicletas. Hablando de ranas, sapos y batracios es necesario precisar que hace un piano en este lugar. A Soren lo han acusado de impiedad, el señor Piano es el encargado de dar noticia y ha de llevárselo; no ha mencionado cuestión alguna porque no quiere interrumpir aquel misterioso juego. “Soren, ...

Soten y Zareth

Lola muñeca de bulbos desatiende a Soren pues no puede dejar de contar: 79, 68, 54, 211; desorden extraño para una neurótica obsesionada con el "qué será". Tan no esta al tanto, que no ha escuchado tan importante noticia, enfrente de su casa, en la casa abandonada, ahora habita Zareth. Soren se escabulle entre las ramas, ahí lo sorprende Zareth. Muy pronto terminan sentados, toman té extraño que Soren solo finge beber. — Y Soren, dime entonces que cura el empacho de cococha—, el niño de diáfana estructura, sin mucho esperar, responde casi con acento de obviedad —Succionaciones de ojo… pero estas sólo funcionan si las hace Lola… y hay que tener cuidado porque muchas succionaciones de ojo hacen que estos se te conviertan en bocas, es raro porque no ves lo que dices ni dices lo que ves—. Zareth, sin mucha extrañeza pudo notar que Lola hacia falta — Herr Soren, ¿Dónde esta Lola, porque no te acompañaba en la exploración de mi jardín?— Para hacerse sordo P. Sadnerson es genial, as...