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DER ERKRANKUNGSFALL

Presión: comprimir, oprimir; influjo poderoso ejercido sobre alguien. Los jefes, los compañeros de trabajo, los impuestos, los amigos que se van lejos casi llegando a Far far away; hay tantas cosas que pueden presionarnos; y yo lo único que se hacer bajo estas circunstancias es recurrir a mi muy estricto régimen de oración. Sin embargo me ha dado un tipo de presión que no se quita con silencio. Tengo una presión distinta, en el pecho. La presión es tal, que mi corazón tiene que hacer esfuerzo para latir, palpita pesado, empuja al tórax para dejar fluir la sangre, lo empujo, pero no sede y la presión esta ahí, me entrecorta la respiración y me hace suspirar. Me preguntaron entonces ¿por quien suspiras? ¿Por qué las personas piensan que si uno suspira ha de ser por alguien? En el caso del metiche que me preguntó, estaba en la sospecha correcta, sin embargo pudo haberse expresado con más precisión, “¿Quién ejerce sobre ti una presión que te hace respirar entrecortadamente?” ¿Alguien? ¿Qui...

Lo mismo y otro igual

Ya no me gusta escuchar como antes. Se me agotan los esfuerzos, se me acaban los antojos y las ganas de hacer con mi vida lo común; hay en mí un raro impulso que se lleva las certezas que tengo de este mundo y sus habitantes. De aquellos antojos: irme lejos, vivir diferente, vivir aquello que es absurdo ante los ojos de los que no tienen fe ¿Por qué no? No hay nada, ni nadie que venga con coerciones a impedírmelo, tengo libertad de hacer, pero sola. Era esta tarde, estaba con el Herr Doctor Legumbre sosteniendo una de tantas conversaciones que nos llevan a discusiones que acaban por sacarlo de quicio a él y de confundirme a mi… me doy miedo, a veces ya no entiendo el hacer del filósofo; decía, éramos los dos platicando, él habla mucho y yo escuchaba hasta que me perdí, pensaba en Pablo, en que lo entiendo muy bien cuando dice que lo mejor es no casarse y me dio miedo, porque algunos filósofos piensan así, hay algo en las relaciones humanas que distrae del arduo ejercicio de la reflexió...

La manía del recuerdo

Leía el Universal del domingo, Guillermo Fadanelli ya publicó otro libro y yo estoy con ganas de adquirirlo, es uno de mis escritores contemporáneos de preferencia. Luego dejé reproducir "El segundo felino" de mi más reciente gusto musical, Enjambre, y fui muy feliz, todo el disco me ha gustado, sigo queriendo su segunda producción "Daltónico". Si, ya tengo dos cosas en mi lista de "Cosas por adquirir..." soy muy feliz, incluso cuando no las tengo aún, creo que es porque son deseos realizables. Es tan fácil hacerme feliz, música y buenas letras. También es muy fácil hacerme recordar, y hay entonces en mí, un ligero colapso, por un breve instante. Hace un rato, aproximadamente media hora antes de la hora del té, se fue la luz en la oficina, las labores tuvieron que cesar, salí a conseguir crédito para mi teléfono celular; en la calle me recibió el sol tibio, la calle silenciosa, los árboles son su disfraz de otoño y un susto: un clon del chico copias. Chico...

El prólogo de conocerte

Me hago a la idea, así es más fácil digerir el rechazo, así culminan una serie de fantasías medievales, en donde él es el interesado y no yo. No me pueden culpar, no es sólo un constructor de mi mente, he tenido la mala suerte de ir a dar junto a él, que es tan amable, que tiene tan a bien tratarme como si le importara mi existencia, y pobre de él también, que ha venido a chocar con mis delirios de construcción fantástica. A veces me da por creer que todos somos inigualablemente únicos para alguien, para el resto somos indiferentes y para otros pocos sólo somos buena onda. No es que crea que yo soy única para él, pero estaría bien serlo y viceversa, les digo, pero no me creen, la verdad es que no me gusta tanto; lo que pasa aquí es que alguien me vendió la idea: “¿Te has dado cuenta que te observa? ¿no has notado que cuando hablas cuasi babea?” El que busca encuentra y encontré la sospecha de un rito asqueroso llamado: coquetear. Me gusta pensar que esto puede ser un prólogo, en dond...

Se solicita

Quisiera escribir yo acerca de irregularidades, desgracias agenas y de un avistamiento amoroso, pero mi cerebro esta imposibilitado con posible resfriado. Estoy en una especie de berrinche aletargado, no esta la oruga, hay falta de olor agradable ageno...¡ah! hace tanto tiempo de que no hay un ageno canceroso, de agradle presencia y conversación. ¡Pts! ya no puedo escribir más,berrinche berrinche. Se solicita desaberrinchador.

Hay una intrusa ... 4a. parte

Intrusa Un caballero alto abrió la puerta. - Buenas tardes, soy María Teresa Hernández, estoy buscando a Eusebio Nava – El caballero en cuestión enrojeció de la cara y le pidió a Mate entrar, y aunque entrar a la casa de un extraño de comportamiento sospechoso no es buena idea, ni de recomendable curiosidad, Mate entró pensado ingenuamente que podría recuperar sus cortinas. Por dentro el 57 no era distinto al 75, la distribución de espacios era muy similar, así que cuando fue invitada a la cocina supo a donde dirigirse. – Siéntate, no te voy quitar mucho tiempo- antes de seguir el caballero inhaló, vio hacia el techo, exhaló bajando la mirada hacia su interlocutora; en ese instante Mate recordó las temibles condenas que su padre ejecutaba junto al comal del antiguo hogar, presintió que lo que sería no sería bueno. - Mire, Señorita Hernández, yo no sé de que era salió su hermana, ni se porque usted no se tomó la molestia de presentarse. Yo soy una persona que aprecia su soledad, y conoc...

Hay una intrusa... 3a. parte

Marcos y trastes Desayunaban juntas. - Oye Ricarda – paseaba la cuchara en el plato de cereal. - ¿Qué? … ¿por qué te quedas callada, Mate? ¿qué te pasa?, dime de una vez lo que tengas que decirme – en realidad lo que le molestaba a Ricarda de su hermana es que se tomaba el tiempo para todo, incluso para desayunar, ella rara vez lo hacia, como en esta ocasión. - Bueno, ¿recuerdas que hace más o menos mes y medio el cartero dejó mal una carta? – luego se calló con una cucharada de cereal. - No – hubo un silencio. – Bueno Mate, y que con eso, ¿cuál carta? – En realidad a Ricarda no le interesaba lo de la carta, es que de cuando en cuando sentía remordimiento por ser tan grosera con su hermana. - Pues es que una mañana tu me encargaste una carta que dejó el cartero en nuestro buzón, iba dirigida a H.M., pero el número en la dirección no era el de la casa, era para el 57; así que ese mismo día fui a dejar la carta a la casa esa. – se levantó muy nerviosa, lo más seguro es que su hermana se ...