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FRASCO DE PREJUICIOS

Estaba pensando en ti, le daba vueltas a la única certeza que tengo de tu persona: eres mi amigo. ¿De dónde he sacado yo esto?, ¿quién te he creído que eres? Eres tan amable; me procuras menos que los amigos que son como mi familia, pero más que los cuates que veo los miércoles; me escuchas. Las personas tenemos un asunto muy interesante con aquello de que alguien nos escuche, pareciera un honor. Yo tengo una amiga que es un gato, me comparte ópera y lleva a Humboldt a nuestras reuniones de café. Platicamos en nebuloso intercambio de ñoñez y bienes viscerales. La escucho, me escucha; nos queremos. Y están todas esas personas a las que nunca pregunto siquiera como están, porque no me interesa escucharlas. Decía que estaba pensando en ti, pero luego dejé de hacerlo para ver una película. El largometraje trataba de un exsoldado – dañado mentalmente por la guerra y la vida – que va a dar con un fulano que desarrolla prácticas de bienestar existencial y físico  por medio de via...

Estos pasos

Me llegaron cuatro mails solicitando que subiera a Lecter Litterae un texto acerca de cumplir 30. Lo pensé mucho, y ahora me dispongo a escribir sin reflexionar. La verdad es que no hay mucho que decir al respecto, porque no se trata de la edad, sino del momento, del cual diré que es álgido. El cumpleaños porno, subir al tercer piso, usar el treinta para iniciar mi edad los próximos nueve años ¿eso qué? Se trata del momento, del cual diré es absurdo: me arroja a una libertad que se pinta como abismo, que me jala en un arrebatamiento de fe que sólo unos cuantos pueden entender y que sólo los de oído entrenado pueden escuchar tan claramente como escucho rechinar mi hombro derecho. Hace unos meses me di unas cuantas libertades, como transformarme en imán para, por un lado atraer y por otro repeler al escritor ese de boca grande y palabras largas. Me dejé pasar las tardes parloteando con una bola de periplos. Me he dado permiso de decir lo que se me da la gana y de pensar menos l...

Nociones de una stalker

Acosar  se parece a acostar pero no es igual. Dice Espasa-Calpe que acosar es perseguir sin tregua ni reposo, fatigar a alguien. Hace algunos años recibí un mensaje de un remitente desconocido, abrí el correo. La luz del monitor iluminó el desconcierto de mi cara; pasaron algunos minutos de angustiosa duda ¿quién era esta persona? ¿porqué un alguien que no me conoce piensa tantas falsedades de mí, porqué dice que yo he dicho tales cosas? Después pasaron muchos días sin que pudiera articular manera de expresar que un alguien me estuvo observando sin  haberlo notado. Tal vez pude haber sido agotada por este hombre, pero pude huir de él (o eso creo). Apenas el año pasado detecté a otro alguien que tiene años asechándome, se transforma en amigo y da vuelcos desesperados para saber que hago, pero sobre todo qué pienso. En cuanto me di cuenta hube de cerrarme, uno no puede ir por la vida regando lo que su cerebro contiene, mucho menos lo que al corazón hace palpitar acompasado....

Elegancia

He preferido viajar a terrenos conocidos: el mismo árbol, las mismas piedras, incluso el mismo sol. La única desventaja es que cuando regreso no puedo evitar quejarme: mucho calor, insectos por todos lados, sordera. Solamente soy optimista de mis propias referencias, aunque sepa que seguramente encontraré el mismo paisaje, me gusta pensar que quizá la ocasión me conduzca a la sorpresa de hallarme fuera de mis rutinarias apuestas: despertar más tarde, no comer a la misma hora,  visitar otros lares. Prefiero tomar fotografías con la mente ¿Porqué mierda toman fotografías en los conciertos? Estando ahí debemos escuchar, ver con los propios ojos, sentir a los seres humanos que nos rodean, oler alientos de cerveza. Cuando viajo tomo fotos a voluntad y por obturador impulsivo. Tengo una fotografía: playera azul, fondo anaranjado, monedas, tono de voz medio, amabilidad de sonido elegante. La mesura en-piernada, con brazos y todo. Tan rápido como vi, deje de enfocar porque colada ...

Involuntaria

¾ ¿Dónde están las mujeres que  mantienen? ¾ Sobrias El espacio literario es libre, eso me gusta creer. Deposita uno lo que le dé la gana, con la cantidad autobiográfica que uno considere suficiente, con máscaras, sin asar, con retruécanos. El espacio literario no escapa de las clasificaciones, las fichas técnicas, las críticas; lo quiera el escrito o no. Ya no puedo escribir. Como chorizo colgado en tienda de abarrotes colgaré párrafos para tamizarme, como chorizo, para que mis letras se mosqueen  con sus mails y comentarios aquí y en facebook. Ya no quiero escribir porque escribo como mujer. Las mujeres lloramos, nos quejamos, reprochamos sin importar el otro. Recordamos el amor que no pudo ser, o que fue, y que no acaba de cuajar porque nos da el mal del conformismo. Somos cursilería fantástica: Mujer soltera/solterona que espera (a veces sin esperar) al que habrá de llegar y respetar su individualidad (bicéfala, por cierto). Se encuentran por casua...

PIRATA I

Él tiene muchas cartas, y yo una pendiente, aparentemente hay mucho que decir, eso ha dicho; lo que yo digo es que hay poco que manifestar y un plexo de cosas que charlar. Me he propuesto mandarle una postal que diga poco haciéndole sonreír hasta arrugarse, y nada más no se me ocurre que. Le tengo una carta, y es esta: “Estimé” te digo porque es cursi y porque es verkitschen. Tengo en el sótano la máquina que se necesita para motorizar sendo barco, ahora basta con que regreses y lo montes, claro, ya sabes a que mi no me gusta eso de ensuciarme así que, a lo más, te contrato una persona que te ayuda a reclutar ayudantes y yo te veo, te animo y te recuerdo que no debes de desvelarte mucho en las fiestas, ni gastar tu dinero con mujeres, que aunque te parezca que lo valen, te han hecho perder años de dar inicio a esta ambiciosa empresa. Yo no olvido el trato que hicimos, me apetece un planeta y que pueda yo escaparme del tratado de comercio que tienes en mente, eso de dar expli...

Little Joseph

Little Joseph era un niño que quería ser de madera para poder crujir rítmicamente al calentarse con el sol, para entrar bailando con el frío de la noche al rechinar de sus entrañas. Joseph fue un jovencillo que cuando decía la verdad, le salían polillas de la nariz. Le pasaba al pobre Little Joseph, que cuando decía la verdad, los lepidópteros nocturnos atacaban a su interlocutor. Se hizo pianista, para no ser necesariamente mudo, ni necesariamente gravoso conversador. Se fue lejos, donde nadie pudiera preguntar, y así él nunca debiera contestar. Little Joseph fue silente escándalo de notas en el oscuro bar que se encontraba en la esquina de Morrison Road y Wright Road, Little Woods, New Orleans. Después de algunos años de tocar notas bluseras en un bar que más bien era un restaurante, fue descubierto por Juana Gallo; ella  no quería hablar con él, solamente deseaba que estuvieran juntos en silencio. Pero Little Joseph si quería hablar; de manera vertiginosa le dijo un día:...