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ACRÓBATA

El orgullo viene en paquetes de 12, se acaba con cada fumada de ansiedad; también viene en paquetes de 8 – como las salchichas – se acaba con cada mordisco de desasosiego.  Los peces no vienen en paquetes, vienen en cardumen o engramados en sus bolsas cadavéricas. Descansan. Ahí quietos en el fondo de la pecera parecen muertos, no parpadean. Los peces vuelan en cámara lenta, hacen sobrias acrobacias. La vanidad es un gas apestoso que viene en los más diversos frascos, cada mililitro es veneno que, disuelto en los pulmones, invade cada célula del cuerpo. Inocua para pocos, nociva para mi. Cuando era una pequeña niña mi padre llevó a la familia al barrio chino, entramos a un restaurante en el que tenían una pecera gigantesca. Vi que los peces se deslizaban con la mirada perdida y su mente en quien sabe que, así como yo casi todo el tiempo.  El deseo es muy caro, viene en paquetes individuales. Complacer cada uno de nuestros deseos nos sumerge en vicio sañoso ...

Carta desde el desierto

Love is not a victory march It´s a cold and it´s a broken hallelujah Rufus Wainwright La gente necesita algo más que las bondades del hedonismo, necesita cause para navegar y no envejecer estancado ¿Qué puede producir movimiento en la voluntad del hombre? ¿Qué clase de movimiento? Escuché hace unos días que no se trata de “bueno” o “malo”, es acerca de consecuencias; para mi es lo mismo.  Necesito un cause, que es acto, desplazamiento del Espíritu hacia los otros. Contra-puesta al río de agua viva, la voluntad. Escuché de un hombre llamado David, de corazón excepcional, que hizo música para traer paz al espíritu intranquilo; él uso su libertad para complacerse, luego se arrepintió. El arrepentimiento es más que sentirse mal, no es un camino ni ritmo; es – como en la música – una enmienda, es corregir y subsanar cuando aún es posible. Despreciarlo es dar un paso hacia la supresión de la empatía ¿cómo poder amar si no te enteras del otro?, ¿cómo te enteras de...

Show, pop y te hecho tanto en falta

Recientemente descubrí la ópera. Mi padre la escuchaba provocándome serios disgustos, yo quería escuchar su soundtrack del Padrino para bailar a todo lo ancho de la sala; me tocaba soportar. Luego la olvidé. Ahora no solamente me gusta, en las últimas semanas de mi vida se ha convertido en el reflejo de mis exageraciones: eso es — me digo — , un rato de actuación, música, escenografía ¿cuánto vas a invertir en tu producción? De entre todas las cosas que arroja para que mastique mi mente, la cuestión esta de producir una obra que, en la opera, no podría nunca ser pequeña, que si sencilla. Hacer que todos los elementos cuadren es para verdaderos expertos, que los asistentes encajen con todo el montaje es cuestión de magia. Eso me ha parecido cuando afuera de Bellas Artes he visto llegar, con toda ostentación, a los que traen sus boletos de entrada en las bolsas. Nunca he ido a la ópera, soy cibervoyerista.  Por otro lado las voces, los solistas. No podría ser protagonista, ...

TENEMOS UNA TERRIBLE AFINIDAD

Alcancé a escucharla musitar: — Eras pequeño y no podías entenderlo , ahora que ya estás crecido tampoco puedes, no me sorprende, la edad te ha dado la más estúpida de las necedades. Tienes razón en aquello de obviar y a veces omitir. No puedo comprender la acusación, te enojas, te vas… otra vez. Mi único aliciente es saber, por fin, quien será el valiente que en verdad desaparezca del otro—. Suicidio sucinto Sexta la nombró su padre. Existía a parches y remiendos; habitaba un árbol a dos cuadras del metro Jamaica; tragaba agua y tinta para vivir sin dolores, aquellos de haber perdido el ojo izquierdo; le punzaba el cerebro, fumaba, fumaba, fumaba, para acabar de pensar y para concentrase en  las conversaciones. Augusto. Chicano era hasta convertirse en engendro de ciudad. Hijo de un topónimo y un ciclorama. Primero en un estanque, luego en un pino, en algún cerro y finalmente en una torre de termitas; ahí dormía todos los días, sin excepción, ahí leía, escribía, l...

NAVEGAR POR LA IZQUIERDA

Hacia la izquierda de nuestro país está el Pacífico, que es océano más que mar; aún más a la izquierda las ballenas, luego Hawái y al final Japón. Pero sólo los barcos de comercio navegan hacia ese lado, los que quieren escapar lo hacen por el Golfo, como si no existiera más opción. A la gente no le gusta la izquierda, ni a los mimos zurdos, que siempre estorban al compañero en la banca del colegio; así los que hacen las tijeras, los cuchillos, los picaportes, los teclados: a la gente no le gusta la izquierda. Decía, pues, que por la izquierda no se navega, quizá por preferencias políticas; pero de ese lado no, casi nada. Sólo el sexo, porque me queda la mano derecha libre, y así todos somos más felices. Quizá porque es una extravagancia y a la mayoría de las personas lo extravagante les asusta, porque no lo entienden, y habiendo más diestros que zurdos, navegar por la siniestra debe ser todo un desacato.  Desacato La autoridad, la que sola se dicta, la que s...

Conmiseración

Hace falta más que feromonas; no sólo la inteligencia - quizá ni siquiera tenga mucho que ver - , el verbo utilizado con maña. Hace falta lo otro y el otro. Es una ecuación; pasivo-activo, activo-activo - nunca pasivo –pasivo, así no se obtiene resultado - . Lo he visto reflejándose en el tecnicolor, cruzando las piernas, un poco derretido absorto en su mente. Sus ojos cuando se cierran. Lo primero que veo cuando abro mis ojos, son libros, luego doy vuelta: cobijas.  En la madrugada - cuando dicen que todos los gatos son pardos - unos ojos que me ven, un sudor que respiro. Las cosas de cada cual con las suyas. Llegará el día en que yo misma abra los ojos y lo vea, podré confirmar mi última teoría: nadie es tan especial. El Incauto, seducido por su propio entusiasmo, se cree que el otro es un mueble que podría colocar donde le dé la gana. Una boca que no sabe besar. Lo otro. Sobre todo letras, juntas o separadas: no/ tengo / sueño. Pero también los zapatos, ...

BADTIMING

Marginal Someone told me: Eliza, gastaste todos tus cartuchos. Quizá tenga razón, he tenido mucho de muchas cosas, quizá demasiado. Me lo perdí, cuando regresé a Mi-misma el tiempo ya había pasado; después de salir del desierto, la mayoría de las cosas se reducen a babosadas. Regresé sin haber vuelto del todo, o es que me regreso un poquito por el fastidio de comenzar una nueva vida, me recuerda la ansiedad de la infancia. De niña fui solitaria, y aunque era la china-de-lentes que se juntaba con los más populares, en realidad estaba apartada, quizá por esto es que ahora aprecio tanto las amistades que tengo, porque ahora estoy presente, aún cuando mis ausencias siguen presentes y considere la soledad un habito sano. Tantos intentos, en el intento ninguna intención. No recuerdo que edad tenía pero me bauticé como Lizzi Bufoni , y mi madre, que ahora seguramente lamenta mis andares fantásticos, en ese entonces alimentó mis demencias regalándome una pulsera gravada con ese mot...