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Radiaciones

Soren no deja que Lola se quede en la casa de la playa…por aquello de las pecas, el argumento es que sólo las pelirrojas o rubias las pueden lucir. Pero Lola sospecha que es envidia, Soren P. Sadnerson quiere ser el que tenga la constelación de pecas.
El sol, además de provocar mal uso de melanina, calienta cabezas. Calienta la sangre de Soren, calienta la cabeza de Lola. Hierven, y los amigos que humean vapores no ven con luz, ven con rojes. Y es normal, dice Olga Pulga, pasar del carmín al añil, y del violeta a la violencia.

— Soren, llévame a la playa —la señorita Críptica, deja al exterior un poco de corazón, nada más por dejar salir su rojes y así no convertirse en jitomate.
— No Lola, que se te calienta la cabeza y te salen pecas, y tu sabes que a las niñas amarillas no les queda — Herr P. Sadnerson, en su naturaleza, no logra distinguir que hiere a Lola.

Parece a veces que Herr P. olvida que Lola es sólo una niña y que él sólo es imaginero. Lola, Lola Críptica hace honor a su nombre y reputación; así que condiciona a Soren:
— Juguemos en un cuadrilátero, juguemos hasta que nos cansemos o alguno de nosotros gane—. Ella propone con entusiasta exigencia, con confianza añeja; se aleja de todos; sigue irradiando rojes y calor. El niño agua sospecha, pero acepta, por eso ahora irradia desconfianza y violeta.

Comentarios

Aguacate y Mandarina ha dicho que…
¡Qué se le puede hacer! ¡Tantito sol nomás!

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