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Desagrado

Aquel era Jaspers. “Así soy yo”, se decía cada tarde junio, “y no soy una mala persona”, decía verdad.
Aquel era Jaspers. Jaspers cambio. Dejó las playeras, usaba después corbata; leía a Marx, daba lectura ahora, a las páginas del periódico local.
Aquel era Jaspers. Hace algunos años se le escuchaba: “Yo, sí, yo, Jaspers Quincy, soy libre, y no me interesa saber si soy una buena o una mala persona, porque están de más los juicios”.
Aquel era Jaspers. Ayer se le decía: “Tu, si, tu, Jaspers Quincy, no eres un rinoceronte, usted es un joven varón, de pantalones caqui y nariz sospechosa”.

Jaspers, hoy es un pato que se llama Lorenzo.

Un tal Lorenzo no vuela, nada más porque no le parece razonable. Pero si emigra en los inviernos, se va Chicago a los conciertos de lodo y pamplinas musicales.
Lorenzo es, que hubo de ser Jaspers y que hoy ya no sabe quién es.
¿Pato o rinoceronte?
“¿Quién eres Jaspers? No se te reconoce como un Lorenzo, en todo caso se un Kafka, que la cara de angustia que te cargas te queda mejor” se pudo oír que una niña le decía, muy desconcertada y enfadada arremetía: “Jaspers eres, Lorenzo y si quieres yo. De aquí me quito y tu, sigue buscando, que a mí, ya me han encontrado.”

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