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Hay una intrusa adentro (1a. parte)

Trabaja arduo sin darse cuenta, siente que falta, que falla, pero no sabe porque. Del otro lado de la calle María Teresa Hernández Morán, tan común ella como su nombre; ligeramente diferente de las mujeres, como de aquellas que son como su hermana Ricarda, que aman lo inmutable, que entienden lo intangible, pero no se entregan. “Mate”, como la llaman, es pura emoción reprimida, entregada totalmente a la disciplina divina. Tiene lista corta de sus dolores, la cual guarda en un cajón, ahí se queda, jamás sale de casa. — Mate… ¡Mate! ¿estas sorda o te haces? Me molesta tanto que no me contestes, no volteas a verme; toma, por ahí debe venir el recibo de la luz, te encargo, ya me voy —. Sobre la mesa un cerro de sobres, hojas multicolores, recibos y una carta: H. M. Ciruelos #57 Col. Escandón C.P. 11663 Delegación Cuauhtemoc, México D.F. El cartero dejó en casa de las Hernández, quizá por suposición de iniciales, una carta que no correspondía a su dirección, ellas vivían en el número 75. D...

CUCHARADAS DE EMULSIÓN

No hay como atacar al ego, serpiente viva la lengua. Par de medusas serpeteadas las manos, cuyas cabezas escupen venenosas letras. Como quien va al psiquiatra para escucharse, así se ensalza el que se encuentra en párrafos ajenos. Quien viera mi corazón que escribe y no espejo de vanidad; quien notara que aparece en importante protagonismo sin colocarse a desvarío en lugares que no debe ocupar. ¿Será ceguera o falta de gusto? Hube de tener objeto de deseo y musa para mis letras. Ya no. Luego entonces me he encontrado con historias para narrar, propias y ajenas; cuentos engendros de mi, de otros y de mundos alternos. Es por gusto, no por consuelo; cortaré mi cabello. Porque mi vanidad se dibuja en largos rizos; los he de amputar para que no caminen ni acaricien, para que no llamen a que los toquen las señoras, para que las caras de caballeros fútiles no se hundan en ellos. Es por comodidad. ¿Quién lo comprende? La mayoría de las personas viven para sobrevivir, llenarse de breves felic...

Cartas perdidas

Las cartas ya no se usan; las extraño. Hay cierto romanticismo en ellas, quizá es porque se usa pluma, papel y la mejor letra que se pueda hacer. Mi letra es horrible, verdaderamente espantosa, llego a esforzarme muy de vez en cuando, pero no se le puede pedir mucho a unos dedos barrocos. Me han regalado un cuaderno, cuatro cuadernillos y unos plumones de punto fino; esas personas me conocen muy bien. Me regalaron también ausencia, esa persona también me conoce muy bien. Fue mi cumpleaños, y como ya no se estila el telegrama y las cartas, recibí cibertarjetas y mensajes al celular. De aquel que me regaló ausencia no llegó mensaje, ni llamada, ni mail, nada. Quizá pasó lo que antaño sucedía, las cartas eran presas del extravío; si, podías equivocarte en el código postal, podía la carta atorarse en el buzón de la oficina de correos; las cartas eran víctimas de la lluvia, el viento o el descuido del cartero. ¿De qué o quién son víctimas las ciberletras? Ahora bien, puede ser que aquel no ...

Sin instrucciones

No cabe duda de que puede llegar a ser muy confuso. El Destino, la Libertad, sendas palabrotas que aparecen en textos filosóficos y la facebook.. La una y la otra se presionan, coexisten sin convivir; deambulan y atacan cuando los reflexivos se distraen. Yo puedo opinar poco al respecto, puedo escupir aquí y allá definiciones, referencias, sentencias tácitas y alucinaciones nouménicas, pero me encontré con un escupitajo al respecto. Hace unos minutos leía a un extraño que dice mas o menos (probablemente más menos que más), que todo es mierda, y como todo es mierda, pues todo se va por el caño. Hacia el final del texto aquel se encuentra: ¿y que nos puede sacar de esta mediocridad, o cuando menos hacerla soportable? ¿la fe? ¿la religión?, ¿la belleza?, ¿el amor?, ¿el idealismo?, ¿una mixtura de estos ingredientes? Lo ignoro. Que cada quien haga su coctel. Que cada quien se equivoque a su modo. Los ingredientes están ahí1. ¿Cuál mediocridad? Vamos a decir que la de existir. Yo agregarí...

CON-FABULARIO

Maniatados. Despertaron aterrados, ahí enfrente de ellos Soren P. Sadnerson, disfrazado de quien sabe que: traje triste de color mostaza, sombrero que hace juego y una escalofriante nariz roja. Lo primero que atinó decir Fräulein Críptica fue “¿Dónde esta Sisi?”; Herr Sadnerson comenzó a sonreír escabrosamente lento, cuando todos sus dietes acabaron de asomarse, se llevó a Lola. “Yo tiendo a gravitacionarme, caigo. Lo ideal es ascender, aún mejor volar con un alguien. Me cansé de buscarte, Soren. Tu y yo jugamos de lo mejor, pero la verdad es que tú nunca has querido volar conmigo. Siempre te he desesperado y a mi siempre me has parecido un hermoso batracio.” Lola se calló al ver la sierra. “Lola, ¿recuerdas esa primera vez, cuando aquel payaso te veía?” Por un momento, Soren fue callado por su ira, luego añadió las últimas palabras que su imaginante escucharía: “no se puede huir de quien te imagina; no se puede volar cargando plastilina”. Lola contestó: “Me sigo preguntando, cuand...

Desierto

Hallábase Lola sobre un tapiz dorado. El panal había sido tomado por abejas-nómadas; lontananza más tapiz y cactos, tranquilo silencio, inquietante sol. Sin ruta, pero con el camino bien claro, Lola comenzó a caminar buscando. Cuando salió del panal no temió nada, no sospechó del lugar, sintió certeza, pero una vez andando tres días que transcurrieron veloces, la lentitud de los días empezaron a cargarla de postreras palabras: No hay nadie. Esta era la primera vez que Lola estaba sola con ella, había estado muy a gusto, en paz; pero su conciencia ávida de sonidos la desesperaba. Fue, en uno de esos momentos, en los que estaba en paz, cuando vio pasar una caravana entre las dunas; eran hados desérticos que se detenían a lanzar un bulto. Yerto se quedó el algo, así que recordando la fama de bárbaros que los Hados tienen, Lola esperó hasta que se alejaran lo suficiente. Era el zombi liberado de la soga: ¡Pero tu no entiendes que eres libre de irte? ¿Cómo es que me encontraste y yo aún no...

El panal del tiempo

Poco después, Críptica fue al árbol del jardín, que antaño, Soren construyó para ella. Desató el nudo que mantenía asfixiado al zombie y lo dejó ir, ya era mucho el hedor y muchas las moscas; Soren siendo tan pulcro seguro no estaría por ahí. Sin darse cuenta, Lola esperaba encontrarlo en aquel lugar. El zombie caminaba a quien sabe dónde, decididamente presuroso se alejaba, no la vio despedirse. La niña plastilina regresó a casa; en su habitación planteó a Sileo Saturnus la expedición: el lago, la playa, la luna y la casa del bosque. El joven Saturnus dirigió a Janssen blanca mirada; el gato entendiendo preguntó a Lola: ¿Y si no esta en esos lugares, a dónde lo irás a buscar? Se perdió la niña en súbita conciencia, pues no había considerado no encontrarlo. Sin pensar más en desagrados, Lola y Sileo se marcharon. Tal como Sir Frankenstein lo había pensado: en el lago no estaba el bote, en la playa la casa blanca estaba abandonada; en la luna el hurón sabía nada y, la casa del bosque s...