Alcancé a escucharla musitar: — Eras pequeño y no podías entenderlo , ahora que ya estás crecido tampoco puedes, no me sorprende, la edad te ha dado la más estúpida de las necedades. Tienes razón en aquello de obviar y a veces omitir. No puedo comprender la acusación, te enojas, te vas… otra vez. Mi único aliciente es saber, por fin, quien será el valiente que en verdad desaparezca del otro—. Suicidio sucinto Sexta la nombró su padre. Existía a parches y remiendos; habitaba un árbol a dos cuadras del metro Jamaica; tragaba agua y tinta para vivir sin dolores, aquellos de haber perdido el ojo izquierdo; le punzaba el cerebro, fumaba, fumaba, fumaba, para acabar de pensar y para concentrase en las conversaciones. Augusto. Chicano era hasta convertirse en engendro de ciudad. Hijo de un topónimo y un ciclorama. Primero en un estanque, luego en un pino, en algún cerro y finalmente en una torre de termitas; ahí dormía todos los días, sin excepción, ahí leía, escribía, l...